
En una época llena de temores en la vieja Europa llega una nueva fiesta del fútbol. Se cierra así la "trilogía" de los Mundiales antiguos, una época demasiado diferente a la actual pero necesaria para afianzar el campeonato globalizador.
Un torneo marcado por la política, el saludo a la romana y el peligro de guerra. Se trata del menos mundial de los Campeonatos, gracias a la hábil gestión del casi legendario Jules Rimet, Francia consigue la organización de esta edición de 1938.
La organización fue concedida a Francia en 15 de agosto de 1936, en los brillantes salones de la Ópera Kroll, en Berlín. Argentina quería la organización y también la solicita Alemania. El congreso de la FIFA decide que en 1942 se juegue la Copa de Argentina y en 1946 en Alemania. Decisiones que, como se saba, fueron humo de pajas. Los argentinos, un poco enfadados, no insriben us participación, alegando insuficiencia económica. Muchos países americanos reaccionarían igual al considerar injusta la celebración en Europa de dos campeonatos seguidos.
Mal tiempo y malos presagios por Europa cuando se ponen en marcha los III Campeonatos del Mundo de Fútbol. La Alemania de Hitler traía en jaque al continente. Austria había pasado a ser territorio alemán mediante su ocupación por las fuerzas del III Reich. El "Anschluss" convertía al formidable equipo austríaco de los Binder, Biçan, Sesta, Jerusalem,etc., todos ellos herederos directos del genial "Wunderteam" del "sabio" Hugo Meisl, en parte integrante de la selección alemana.
Aunque no fue así. Jerusalem, uno de los mejores lanzadores de penalties de la historia del fútbol, optó por la retirada. Sesta, un fantástico defensa, se fue al Arsenal, de Londres. Biçan, casi el padre de Kubala, futbolísticamente hablando, volvio a su patria de origen: Checoslovaquia, al Slavia de Praga. Fue este jugadore checo-austríaco el que dos años antes había destrozado en el Metropolitano a la selección española, cuando Austria venció por 4-5, en lo que fue la primera derrota en campo propio de España en toda su historia. Por último, Franz "Bimbo" Binder, un colosal interior de la talla de Friendereich, Puskas o Pelé, sí siguió jugando. Y contra sus deseos íntimos -al ser netamente austríaco- lo hizo con Alemania. No había otro remedio.
Este Mundial de 1938 se iba a jugar con equipos que no gozaban de simpatía alguna en el ambiente francés, sede de la fase final. Alemania, por la política expansionista de Hitler e Italia, por la política de rencillas fronterizas entre los transalpinos y Francia. Mussolini reivindicaba para Italia parte de la Costa azul francesa.
Dispùtaron el torneo 15 equipos: Italia, Hungría, Checoslovaquia, Francia, Brasil, Suiza, Cuba, Rumanía, Alemania, Polonia, Noruega, Bélgica, Holanda, Antillas Holandesas y Suecia. Austria no pudo participar por el hecho ya destacado antes y España, obviamente, en 1938 tenía otros asuntos de que ocuparse al estar inmersa en la terrible y fraticida Guerra Civil.
Llegaron a la final Italia y Hungría y la fuerza acabó imponiéndose a la habilidad. Era el segundo entorchado de tres campeonatos para la azzurra... El trofeo al máximo goleador fue para Leónidas, el genial brasileño que en el partido de Octavos ante Polonia jugado en Estrasburgo (6-5), al empezar a llover quiso jugar descalzo.
Resultados:
CUARTOS DE FINAL
Hungría 2 Suiza 0
Italia 3 Francia 1
Suecia 8 Cuba 0
Brasil 1 Checoslovaquia 1 (2-1 desempate)
SEMIFINALES
Italia 2 Brsil 1
Hungría 5 Suecia 1
3er y 4º PUESTO
Brasil 4 Suecia 2
FINAL
Italia 4 (Colaussi (2) y Piola (2) Hungría 2 (Titkos y Sarosi)
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